Si valoramos qué porcentaje de la derrama turística de un país corresponde a este sector nos sorprenderíamos, pues de acuerdo con la oferta de los sectores público y privado en los espacios dedicados a la celebración de estos eventos, estará la oportunidad para que puedan acercarse  a los OPC (Operadores de Congresos), instituciones y empresas que son los  clientes de este tipo de actividad turística.
Si evaluamos que es un sector que no tiene inconvenientes ni daños colaterales, como por ejemplo los cruceros, hablamos entonces de un sector a promocionar desde el punto de vista estatal o para estatal, que crea empleo bruto, paga impuestos locales, desarrolla el transporte, la hotelería y restauración, no es contaminante, crecen las ciudades sede, y genera prescriptores que podrán contribuir a la transmisión de su imagen del país, y el deseo de regresar con su familia o amigos, lo que sucede y se encuentra estadísticamente comprobado.
El reto es la adecuación de nuestro mercado país a la evolución de este sector; no pensar en megalo obras sino en el concepto racional de las necesidades de la nación, región o ciudad, ahí estará el éxito de la implantación del MICE.